Romanos 15:30
Pero les ruego, hermanos, en nombre de Cristo Jesús nuestro Señor y del amor, fruto del Espíritu, que recen a Dios por mí. Luchen conmigo rogando por mí
Colosenses 4:12
Reciban saludos de su compatriota Epafras; es un buen servidor de Cristo Jesús que siempre está orando fervientemente por ustedes para que sean perfectos y produzcan todos los frutos que Dios desea.
Catecismo
27. El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar:
«La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor, es conservado siempre por amor; y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador»
2629. El vocabulario del Nuevo Testamento sobre la oración de súplica está lleno de matices: pedir, reclamar, llamar con insistencia, invocar, clamar, gritar, e incluso “luchar en la oración”. Pero su forma más habitual, por ser la más espontánea, es la petición: Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia Él.
Twitter del Papa Francisco @Pontifex_es (25 mar. 2016)
La Cruz de Jesús es la Palabra con la que Dios ha respondido al mal del mundo.
REFLEXIÓN:
Qué bueno sería que nos identificáramos como Pablo identifica a Epafras en la carta a los Colosenses: “un buen servidor que siempre está orando fervientemente por ustedes”. Cuando en nuestras comunidades, hay hombres y mujeres con estas cualidades, se da esta atracción del hombre hacia Dios y empiezan a caminar cautivados por Él, dando frutos buenos, los frutos que Dios desea que demos.
Dice San Juan Bosco:
“ Si hubiese tenido cien veces más fe de la que tengo, ¡hubiese hecho cien veces más de lo que he hecho!”
La fe nos lleva a la acción; en la comunidad decimos siempre “Jesús y yo…mayoría aplastante”…Él nos conduce a lugares de bendición jamás imaginados, jamás pensados por nosotros…
En todos estos años de servir al Señor, desde que lo conocimos, disfrutamos y nos gozamos viendo vidas rehechas por Dios, hombres y mujeres que prácticamente estaban muertos en vida, han sido restaurados, y hoy son instrumentos valiosísimos en las Manos de Dios. Ellos son valiosísimos para la Evangelización, y muchas veces con su sola presencia, ya que cuando alguien los ve irradian paz, gozo, alegría, son prósperos, sus familias unidas; cada vez que alguien los mira, si conocían su pasado, dicen… ¿qué pasó? ¡Estaban muertos y volvieron a la vida! Ellos son la prueba más contundente de la Presencia de Dios en medio de su Pueblo. Sus vidas liberadas atraen a personas al encuentro con Dios. Lo que el enemigo quiso utilizar para destruirlos, en las Poderosas Manos de Dios se volvió un misil contra el infierno.
Que podamos someternos a la Maravillosa Influencia divina de Dios, ser liberados por Él, pero comprender que luego de ser liberados, volver a la vida de antes, sin evangelizar, solo sería una vida egoísta que nos encaminaría a caer aún más profundo que antes.
Los que nos vieron un día frustrados y quebrados nos verán levantados y en victoria, y claro… tenemos que hacerle saber al mundo Quién nos levantó, Quién nos liberó, Quién nos restauró.
¡El Señor de señores, el Rey de reyes!
¡Él lo hizo y el mundo tiene que saberlo!
Hoy voy a Pedir perdón por:
Hoy le voy a Pedir Perdón a: (Anota los nombres)
Hoy Voy a Dar Gracias Por:
Hoy voy a darle gracias a: (Anota los nombres)
En Oración voy a pedir: La gracia de ser un luchador de oración como lo dice la carta a los Romanos.